El clínic de Luka Modric
Tomas Roncero / As.com
Subidón con el once.- Desde que dos horas antes del partido se confirmó que Modric era titular, mi Whatsapp se llenó de mensajes de mis grupos merengues mostrándome su alegría por poder ver a Luka desde el inicio. El croata es mucho más que un gran futbolista. Es un icono del Bernabéu, el único Balón de Oro que hay en esta plantilla y un futbolista que sigue siendo diferencial. Su partidazo fue para enmarcar. Hizo todo y de todo. Y sin una sola fisura.
Pero me quedo con su lección de cómo hay que tirar los córners. Desde el Rincón de Lisboa dio una exhibición en la que se cimentó la goleada ante el Celta de Rafa Benítez. El 1-0 llegó con un saque de esquina perfectamente botado por el genio de Zadar. Rüdiger, un bisonte con botas, cabeceó para sacarle una parada antológica a Guaita y en el rechace, otra vez en la posición de 9, Vinicius abrió la lata tras dos rechaces. El 2-0 fue otro córner de Modric que permitió a Rüdiger entrar como una manada de búfalos y reventar el larguero del equipo olívico.
Guaita no pudo evitar que la pelota golpease en su espalda y entrase mansamente. El berlinés frotó la bota de Modric como agradecimiento. El clímax llegó el 83′. Cambio. Kroos por Modric. Leyenda por leyenda. Los 73.644 aficionados que llenaban el Bernabéu se pusieron de pie para corear el nombre del croata. Pura emoción. Puro sentimiento. La afición le adora. Modric es Peter Pan. Sigue siendo un jugador 10, como su dorsal. No te vayas amigo. ¡Luka, quédate!
El turquito.- Arda Güler cumplió 19 años el 25 de febrero y quizás ya no es tan niño como le vimos cuando aterrizó en Madrid con el cuerpo de un adolescente hace ocho meses. Tenía pocos minutos para lucirse, pero le bastó para poner su firma en su primer gol de blanco. El primero de muchos. Y no fue un gol cualquiera. Dani Ceballos le dio una asistencia estupenda, el otomano encaró a Guaita, le desbordó hacia la derecha y, con poco ángulo, definió con maestría sin alterarse lo más mínimo. En Turquía han explotado de alegría porque es la gran esperanza de un fútbol tan emergente como el del país del Gran Bazar y la mezquita de Santa Sofía. Ya no viviremos solo de sus ‘highlights’. Crack a la vista.

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